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Conseguir mis propósitos de año nuevo

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Tips para poder conseguir mis propósitos de año nuevo.

Llega el comienzo de un año nuevo y con este los nuevos propósitos. Es una buena forma de comenzar cambiando algo que no nos beneficia, que no es saludable o que no nos compensa en nuestra balanza de valores, aunque no nos vemos motivados o con suficientes fuerzas como para conseguir cambiarlo, ya que pensamos que lo hemos intentado en muchas ocasiones sin conseguir cambio alguno.

Por ello vamos a poner de nuestra parte la información que nos ofrece la psicología y así poder cambiar eso que estamos dispuestos a cambiar.

Se trata de reemplazar viejos malos hábitos por otros más beneficiosos para nuestro cuerpo y nuestra mente.

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1. Persistir

Mantener las decisiones de cambio, esto suele ser más difícil de lo que parece. Es muy probable que los viejos hábitos regresen con alguna regularidad, con lo cual es importante ver esos reveses como ocasionales y temporales y no como una excusa para abandonar el proceso de cambio.

Tenemos que perseverar en nuestro objetivo, ya que si volvemos a algún habito anterior no estamos en el punto de partida tendremos ganada la experiencia de haber llegado ahí y si seguimos perseverando y recomenzamos después de un revés, conseguiremos día a día nuestro objetivo. Existe un mayor índice de éxito en personas que tenían una actitud no fatalista frente a distintos aspectos de la vida. Es decir si mi alimentación sana un día tiene más dulces de lo que es equilibrado, no ocurre nada, al día siguiente sigo con mi buena alimentación para conseguir una buena salud física. Y dejo de lado ese pensamiento fatalista de “ya está ya fracasé, lo dejo”, contrarrestándolo con persistencia.

2. Plantearse objetivos alcanzables

Estos hábitos que queremos cambiar tienen que ser alcanzables. Objetivos a la medida de nuestras posibilidades y cuya consecución sea medible y verificable, nuestros objetivos tienen que poderse medir de alguna forma para poder verificarlos y ver nuestra evolución.

Es decir, “quiero ponerme en forma”, sería un objetivo poco claro y difícil de medir. Para que sea fácil de medir puedo comenzar diciendo “Voy a andar una hora al dia”.

También es importante ser realista para aumentar las posibilidades de éxito, es mejor elegir un objetivo en el que concentrarse de manera exclusiva, más que tener un montón de resoluciones que intentemos conseguir en simultáneo. Cuando consigamos un objetivo marcarnos otro.

3. Crear redes de ayuda

¿Cuándo son más fáciles los retos? Cuando lo hacemos con amigos o con familiares.

¿A que no es ningún secreto?: Con ayuda, las cosas son más fáciles.

El apoyo de la familia, los amigos e incluso los compañeros de trabajo resulta fundamental para que logremos sostener los cambios y no perdamos de vista los objetivos.

Es verdad que hay estudios que indican que las mujeres tienden a beneficiarse más de estas redes de contención que los hombres. Y son mejores también para ofrecer apoyo. Pero todos podemos beneficiarnos de este gran consejo.

4. Llevar un registro del cambio

Si es verdad que llevar un registro puede ser algo tedioso, pero es una gran ayuda, sobre todo si lo centramos en los pequeños hábitos que queremos cambiar, y en las pequeñas recompensas que a lo largo del proceso estamos teniendo eso nos animará a seguir en la lucha por conseguir nuestro objetivo y nos permite poner en perspectiva los logros acumulados, cosa que suele pasar desapercibida.

Para que resulte más sencillo podemos poner una nota en la puerta del frigorífico anotando la visita al gimnasio, cada vez que he comido lo más saludable o cuando he conseguido cambiar ese hábito por otro que me he propuesto. En este registro es muy beneficioso permitirse pequeñas recompensas para mantener los niveles de motivación, aunque las recompensas no deben de ser el hábito que queremos cambiar, sería una táctica poco adecuada ya que podríamos pensar que hemos recaído por habernos recompensado de forma inadecuada.

5. Entender los disparadores

Existen muchas cosas que nos evocan esos hábitos que queremos cambiar.

Es importante conocer cuáles son esas cosas que nos desatan las ganas de esas viejas conductas que queremos cambiar, para poder evitarlos si queremos desarrollar hábitos más saludables.

Cambiar esos disparadores van a ser medidas sencillas, como no tener galletas en la casa si eso lo que no nos permite alimentarnos adecuadamente aunque sin prohibiciones las cuales también son disparadores de las ganas de comerlas. Para personas que estén dejando de fumar los disparadores pueden ser un café con el que acostumbran a fumar. O entender cuáles son los disparadores del estrés que nos lleva a desear un cigarrillo y atentan contra la resolución de dejar de fumar.  Es posible crear nuevos disparadores que desencadenen nuevas conductas, más sanas y a tono con lo que nos hemos propuesto cambiar, como disponer una hora donde comience un programa de televisión para saber que es la hora de ir al gimnasio. También asociar a una actividad placentera al hábito nuevo que instauraremos en nuestro día a dia, por ejemplo para salir a andar una hora puedo quedar con alguien con quien me guste pasar el tiempo o pasear al perro-

Isabel Cantero Angulo. Psicóloga

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El proceso de duelo. Las etapas del cambio.

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manosLa biografía de toda persona, hombre o mujer, joven o maduro está sembrada de una sucesión de pérdidas y separaciones que le recuerdan consciente o inconscientemente la precariedad y provisionalidad de todo vínculo y de toda realidad.

Todos, desde niños y en todo el transcurso de nuestras vidas hemos sufrido y pasado por sentimientos de pérdida. La pérdida de un empleo, de un bien material, de un animal de compañía, de una pareja… aunque los hechos más traumáticos aparecen cuando se produce el fallecimiento de algún familiar o amigo al cual le tenemos un aprecio especial.

Estas situaciones nos generan un gran sentimiento traumático y se acentúa aún más si se han producido de una manera inesperada.

Los sentimientos que afloran en cada persona son muy diferentes. Y el dolor es inevitable tanto a nivel de pensamientos como a nivel físico, emocional e incluso espiritual.

Comenzamos a experimentar todo tipo de emociones espontáneas y a la vez muy intensas, tales como el abandono, la soledad, la impotencia, la desesperación o la tristeza.

En otros casos aparecerá el rencor, la ira o el resentimiento hacia el que se ha ido, hacia los hechos o hacia otras personas. Creemos incluso que llegamos a perder el control por completo sobre nosotros mismos. Y aunque el nivel de dolor es muy alto podemos tender a generar ideas y pensamientos equivocados a pesar del inmenso cariño y amor que tenemos hacia la persona.

El hecho es que afrontar la pérdida de un ser querido es sumamente difícil en una sociedad en que nadie nos ha enseñado a aceptar, a entender y a asimilar la llegada de la muerte.

Las 5 fases en el proceso del duelo

A lo largo de la historia del ser humano han sido muchas las personas que se han dedicado a estudiar a fondo y explicar de manera lógica y consciente los estados por los que pasamos cuando vivimos una situación muy traumática. La médico psiquiatra Elisabeth Kübler Ross dedicó gran parte de su vida a analizar los procesos de la muerte en las personas y en su último libro “Sobre el duelo y el dolor” hace un amplio estudio sobre los procesos del duelo.

Nos describe como 5 las fases por las que comúnmente pasamos ante esta experiencia en nuestra vida así como señala que no tienen porqué existir todas ellas ni tampoco en el orden indicado puesto que la vivencia de cada persona y cada situación en particular son únicas.

Estas cinco fases se dan en la mayoría de los casos y son: el estado de negación, de ira, de negociación, de depresión y de aceptación.
La fase de negación en el duelo
Tras la noticia del fallecimiento( o separación ) entramos en un estado de shock más o menos intenso en el que comienza la fase de negación. Nos cuesta asimilar el hecho de la perdida aunque sabemos que es un hecho real. No somos plenamente conscientes que la situación se ha producido y por lo natural suele durar desde los primeros días hasta las seis u ocho semanas siguientes.

La fase de ira en el duelo
A este estado suele seguir el estado de ira. Comenzamos a desatar la rabia, el rencor y un cierto grado de agresividad hacia el entorno que durará varios días o varias semanas en la mayoría de los casos. Intentamos buscar un porqué o incluso buscar culpables de la situación. En algunas ocasiones el estado de negación y de ira puede sucederse prácticamente al mismo tiempo.

La fase de negociación en el duelo
Luego sucede una fase de negociación. Comenzamos a fantasear con nuestros pensamientos y negociamos con nosotros mismos maneras de aligerar nuestro dolor cambiando ciertas actitudes, hábitos o tipos de pensamiento puesto que no deseamos volverlo a vivir en un futuro.

La fase de depresión en el duelo
Seguidamente aparece el estado de depresión. Puesto que todas las fases anteriores no nos han aportado ninguna solución real, caemos en un estado depresivo. Es cuando comenzamos a hacer plenamente consciente la realidad de los hechos.

Suele ser la etapa más larga del proceso puesto que nos encerramos en nuestro mundo interno y comenzaremos a salir de este estado a medida que logremos comunicar nuestros pensamientos y exteriorizar nuestros sentimientos.

La fase de aceptación en el duelo
Por último y tras comenzar a superar el estado depresivo sucede el proceso de aceptación. Comenzamos a ser conscientes de que no podemos recuperar al ser querido y que nuestra vida continúa. Es el momento de hacer un análisis real de nuestro pasado y una cierta planificación del futuro ya con los pies en el suelo. Y este proceso se desarrolla de una manera profunda, muy personal y a la vez en total intimidad. Y al comenzar a vivir este estado nos vamos llenando poco a poco de una verdadera paz interior.

Dado el hecho de que como cada persona somos muy diferentes al afrontar cualquier tipo de situación y según los muchos estudios y casos analizados, el tiempo natural del proceso de duelo se desarrolla en un período de entre uno y tres años en la mayoría de los casos.

Recordaremos a la persona querida de la manera amistosa que hemos vivido cuando estaba junto a nosotros y todos esos sentimientos de dolor y de trauma habrán desaparecido.

Hay que entender que no hay que pasar por todas las fases necesariamente, o que aún pasando por cada una de ellas, se puede volver a pasar una fase que ya creíamos solventada, ya que el proceso es diferente para cada uno de nosotros y como valoremos esa pérdida.

Fuentes: Kübler- Ross, E. Sobre el duelo y el dolor.(2006).Barcelona. Ed Luciernaga.

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LA ERRADICACIÓN DE LOS RECUERDOS.

  La investigación reciente nos pone de manifiesto que es posible borrar recuerdos que están bien consolidados.

Actualmente la psicoterapia y los sedantes pueden suavizar los síntomas pero hasta hoy día no han tenido mucho éxito en personas con trastornos de estrés postraumático.

Desde el punto de vista evolutivo, no es necesario retener todos los datos y detalles de una situación ya que es necesario escoger cuales experiencias hay que retener y cuales desechar.

La memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo se establecen y asientan sobre conexiones entre neuronas, en las sinapsis.

La memoria se crea cuando una serie de sinapsis se fortalece, temporalmente en la memoria a corto plazo y de forma permanente en la memoria a largo plazo.

T. Bliss y T. Lomo descubrieron lo que se denomina PLP, descubrieron que si se administra un breve tren de impulsos a la frecuencia adecuada, aproximadamente 100 hz la magnitud de la respuesta aumentaba y permanecía en este estado potenciado cuando se medía unos minutos más tarde, esta señal sináptica mayor supone que se ha formado una conexión funcional más intensa entre dos neuronas, un fragmento de memoria.

El problema radica en el hecho de que  el flujo de corriente en la sinapsis es mediante moléculas de proteínas, las cuales se degradas y se reemplazan. Para que exista un proceso de memoria a largo plazo deben intervenir algún proceso más el cual pueda dar lugar a lo que se llama consolidación.

Un estado realzado de atención, estrés y novedad estimula la consolidación de la memoria.

La amígdala es la región donde se procesan las emociones y el miedo y está puesta en conexión con regiones donde se almacenan recuerdo. Por ello existe la posibilidad de que unos niveles elevados de hormonas y neurotransmisores relacionados con esta estructura sean los encargados de ayudar a la consolidación de la memoria.

El hipocampo es la estructura encargada de la conversión de la memoria  a corto plazo en memoria  a largo plazo.

Otra cuestión es saber que procesos son los encargados del olvido, para así poder tener acceso a la manipulación de estos recuerdos y poder borrarlos, como es la respuesta en el estrés postraumático.

El tratamiento de dicha patología se basa en la administración de fármacos betabloqueantes administrados inmediatamente después del hecho traumático, este tratamiento lo que intenta conseguir es que la memoria a corto plazo no se consolide como memoria a largo plazo.

Actualmente los terapeutas, trabajan en solicitar al paciente que recuerden de forma repetida el recuerdo traumático en unas condiciones seguras y de calma, donde el cerebro por repetición donde el paciente se sienta seguro y pueda desvincular la situación de peligro de su vivencia.

También se están estudiando el mecanismo del sueño reparador para la eliminación de recuerdos traumáticos, ya que la consolidación de la memoria funciona tambien mientras dormimos.

Sabemos que existe una predisposición genética a experimentar miedo y sufrir y esto varía dependiendo del individuo.

La activación de los genes guarda cierta relación con la perdurabilidad de la memoria.

Los neurocientíficos han estudiado que cuando dos neuronas se excitan conjuntamente de forma repetida e intensa el calcio que entre en su interior y activa la trascripción génica.

Aún no se sabe como hacer para que se pueda bloquear la síntesis de proteínas justo después de una situación traumática y que la visiones horribles desaparezcan, pero sabemos que para acelerar la terapia de extinción es beneficioso una medicación que ayude al cerebro en la necesidad de desgranar y diluir esa memoria.

Douglas Fields, R. Erradicación de los recuerdos. Revista Mente y cerebro.

LA ERRADICACIÓN DE LOS RECUERDOS

El mundo amarillo. Albert Espinosa.

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Recomendación literaria.

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En palabras de Albert Espinosa. «El mundo amarillo es un mundo fantástico que quiero compartir contigo. Es el mundo de los descubrimientos que hice durante los diez años que estuve enfermo de cáncer. Es curioso, pero la fuerza, la vitalidad y los hallazgos que haces cuando estás enfermo sirven también cuando estás bien, en el día a día.» Este libro pretende que conozcas y entres en este mundo especial y diferente; pero, sobre todo, que descubras a los «amarillos». Ellos son el nuevo escalafón de la amistad, esas personas que no son ni amantes ni amigos, esa gente que se cruza en tu vida y que con una sola conversación puede llegar a cambiártela. No te adelanto más: tendrás que leer este libro para poder empezar a encontrar tus «amarillos». Quizás uno de ellos sea yo… El mundo amarillo habla de lo sencillo que es creer en los sueños para que estos se creen. Y es que el creer y el crear están tan sólo a una letra de distancia. ¿Qué esperas a saber quiénes son tus «amarillos»?  «Albert habla de un mundo al alcance de todos, y que tiene el color del Sol: el mundo amarillo. Un sitio cálido donde los besos pueden durar diez minutos, donde los desconocidos pueden ser tus mejores aliados, donde el miedo pierde su significado, donde la muerte no es eso que les pasa sólo a los demás y la vida es lo más valioso. Este libro habla de todo esto, de todo lo que sentimos y no decimos, del miedo a que nos quiten lo que tenemos, de reconocernos enteramente y apreciar quiénes somos cada segundo del día.

¿PSICOLOGÍA?

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Si buscamos en cualquier libro de psicología podemos encontrar una definición donde se explica que es la ciencia que estudia la conducta y los procesos mentales. Trata de describir y explicar todos los aspectos del pensamiento, de los sentimientos, de las percepciones y de las acciones humanas. Por ser una ciencia, la Psicología se basa en el método científico para encontrar respuestas.

Etimológicamente, Psicología, proviene del griego psique : alma y logos: tratado, ciencia. Literalmente significaría ciencia del alma.

Dentro de las funciones que los psicólogos podemos desempeñar, he de explicar que entre todos los psicólogos, el más frecuente es el psicólogo clínico. Dentro de esta especialidad, se usan muchos términos, que en ocasiones son ambiguos o de frecuente uso pero de significado desconocido. Veamos algunos:

Terapia, terapia psicológica o psicoterapia: Con este término definimos el trabajo que un psicólogo clínico hace con un paciente. Esto marca que muchas veces a los psicólogos se les denomine terapeutas. Supone esto una posible confusión con el terapeuta ocupacional, que es otro profesional sanitario con el que los psicólogos colaboran, y cuya funcional es ayudar a personas con problemas físicos y mentales en su día a día, por ejemplo, durante la alimentación, a la hora de vestirse o asearse.

En ocasiones, el término terapeuta se ha asociado a personas que no tienen una titulación psicológica pero que hacen algún tipo de intervención en el ámbito de la salud mental. Los psicólogos, médicos y demás profesionales de la salud acatan normas éticas y deontológicas que garantizan el servicio y profesionalidad.

Aunque el término terapia, no es exclusivo de la psicología. Según la definición de terapia es el tratamiento que se pone en práctica para curar una enfermedad. Así pues el término se utiliza en multitud de disciplinas. Como dicen los expertos en el arte de curar, existirían tantas terapias como enfermos.

La psicoterapia se suele estructurar en 3 fases: evaluación, diagnóstico y tratamiento o intervención.

Evaluación: es la etapa inicial de la terapia. No es exclusiva del psicólogo, pues los médicos también hacen evaluaciones. Mientras que ellos se basan en pruebas médicas (análisis, radiografías y demás), los psicólogos contamos con varios instrumentos. También se les denominan evaluadores. Los principales son los siguientes:

Entrevista: consiste en que el psicólogo pregunta al paciente sobre temas relacionados con el problema. Así se puede preguntar a cerca de los antecedentes, las consecuencias, los pensamientos, los momentos en que ha estado mejor o peor, otros problemas.

Pueden ser estructuradas, es decir, protocolarizadas, o libres y están dirigidas por el profesional.

Test, pruebas, cuestionarios: son instrumentos en los que el paciente ha de contestar en papel (últimamente también vía ordenador) y en los que se registran las contestaciones. Estas se analizan y permiten extraer conclusiones. Algunas pruebas están muy contrastadas, se han aplicado a muchas personas, y tienen claros baremos que aportan diferencias entre las personas (test); otros no (cuestionarios)

Observación directa:  Consiste en observar una conducta.Permite definir claramente una conducta.

Autorregistro: Es el registro por parte del propio paciente de la frecuencia, la intensidad, y de las variables que pueden influir en la conducta a observar. Con ello tenemos una línea base con la cual comenzar a ver cuales son las características de la conducta a modificar.

 Diagnóstico: consiste en ofrecer al paciente una “etiqueta” sobre su problema, así como una explicación. En esta área es donde se centran los psicólogos clínicos, realmente es necesaria esta especialidad par poder realizar el diagnostico ya que es necesario conocer el manual diagnostico de los trastornos mentales así como los criterios diagnosticos usados por la OMS. A veces no se da un único diagnostico por varias razones como  que la orientación psicológica del profesional no concibe que deba darse un diagnóstico como es el caso del psicoanálisis ya que dar esa “etiqueta” es perjudicial, otra razón es que no se ha logrado enmarcar a la persona dentro de alguna de las numerosas categorías.

Objetivos terapéuticos: superado el diagnóstico, se pasa a la fase de intervención. Pero, antes de intervenir se llega a un consenso y se acuerda con el paciente qué aspectos se van a modificar. Estos vienen marcados por los objetivos, y son las metas que se persiguen alcanzar. El paciente es quien decide.

Tratamiento o intervención psicológica: se refiere a la modificación de hábitos y conductas que suponen un problema para el paciente. Los psicólogos no medican, por lo que este tratamiento nunca será farmacológico. En caso de ser necesario este tipo de intervención, el paciente deberá dirigirse al médico de cabecera público para que le remita al psiquiatra, o directamente a un psiquiatra privado.

En la intervención psicológica es donde más confusiones hay ya que existen diversas escuelas o ramas. Te expongo las más importantes:

Psicoanálisis:  La perspectiva de la enfermedad se encuentra en procesos inconscientes y subjetivos, que afloran en determinados momentos, y que se han ido gestando desde etapas precoces del ser humano. Suele ser un tipo de tratamiento largo (en ocasiones dura años), aunque las nuevas estrategias aportan tratamientos de breve duración. El paciente puede acudir a consulta a diario o varias veces por semana. El objetivo del tratamiento es global, es decir, no sólo resolver un problema puntual, sino lograr un estado global de bienestar.

Conductismo: Máximo exponente es Skinner. Se centra en que las personas somos animales que reaccionan ante los estímulos ambientes. Así, si una persona ha enfermado, deberemos de modificar las conductas que ha estado emitiendo, y que le han llevado a la enfermedad. Este tipo de tratamiento suele ser breve, pues sólo se centra en cuestiones muy específicas.

Cognitivismo: Podríamos nombrar a Beck o Ellis como representantes de este modelo. Se basa en que además de las conductas que emitimos, los pensamientos que tenemos también nos pueden dañar o evitar que superemos los problemas. Así, deberemos intervenir sobre los pensamientos. Suelen ser tratamiento relativamente cortos, pues se centran en cuestiones reducidas, problemas puntuales.

Hipnosis clínica: es un tratamiento que se engloba dentro de los “tratamientos dinámicos”, próximos al psicoanálisis. Consiste en inducir al paciente un estado de profunda relajación, en el que es fácil trabajar con procesos subconscientes. Los resultados suelen ser a corto plazo, por lo que la duración es breve. Normalmente no se usa como tratamiento único, sino que se asocia a otros tratamientos.

Terapia sistémica: consiste en considerar a las personas como sistemas. En este caso lo que se busca es resolver los conflictos que se originan entre las personas, como sistemas que interactúan. Es muy útil en terapias de pareja o familiares. La duración suele ser breve o media.

Terapias humanistas: se centran en el ser humano como un todo, no en sus partes (conducta, mente, procesos subconscientes). El principal exponente fue Abraham Maslow. Es una terapia de media a larga duración, y suele ser global, aunque también existen situaciones más puntuales y de menor repercusión y duración.

PNL o programación neurolingüistica: se ha puesto de moda últimamente, y es un tipo de tratamiento dinámico, en que buscamos cambiar los mensajes que las personas nos damos. Se usa mucho la imaginación. Se suele buscar cambios en las actitudes de las personas. El famoso libro “El Secreto” podría entrar dentro de este tipo de intervenciones.

Biofeedback: es un tratamiento centrado en las respuestas corporales. Se usa un instrumento electrónico que mide alguna respuesta del organismo (habitualmente la respuesta dermogalvánica de la piel, el ritmo cardíaco, la presión arterial o la temperatura) y se busca que las personas aprendan a manipularla. Es útil en problemas sexuales, situaciones o respuestas al estrés (bruxismo o anorgasmia femenina, por ejemplo). Los tratamientos suelen ser breves, y se centran en el problema físico que se ha producido. Habitualmente no se usa como único tratamiento, sino que se coordina con otros diferentes.

Terapias de 4º generación: intervenciones de reciente aparición, que se centran en múltiples aspectos y maneras de trabajar. Algunas aún han de mostrar su eficacia.

Psicología positiva: Tradicionalmente la psicología se ha centrado en la enfermedad y en los antecedentes y consecuentes de esta, así como en la predisposición de las personas a enfermar. Sin embargo, Martin Selligman y sus colaboradores, conciben que la psicología también ha de centrarse en la no enfermedad, en esos momentos en que no estamos enfermos, en cómo superamos las enfermedades. Por ello buscan los aspectos que nos hacen “inmunes” a los problemas y que nos ayudan a superar las dificultades. Realmente no es un tipo de tratamiento, sino una perspectiva de trabajo. Dentro de esta área se encuentran aspectos como la resiliencia o la inteligencia emocional.

Mediación: es un tipo de trabajo que hacen psicólogos y abogados, principalmente en problemas conyugales, y que permite la toma de decisiones consensuadas entre los miembros de una pareja, lo que facilita los acuerdos y simplifica los problemas. En ocasiones también se hace a nivel laboral.

Coaching: originalmente pensado para desarrollarse dentro de la empresa, para altos directivos, su uso se está popularizando. El “coacher” es el entrenador en inglés. Así, el coaching se refiere a entrenar a las personas. Tiene una marcada idea de éxito y superación, de vencer dificultades y lograr alcanzar las metas. El coaching pueden hacerlo psicólogos, pero también otros profesionales titulados (abogados, por ejemplo) y otras personas que no tienen una formación tan extensa.

 Sesión: es el tiempo en que el psicólogo trabaja con el cliente. Existen sesiones breves de media hora, y otras largas de hora y media o incluso 2 horas, aunque la sesión habitual dura 55 minutos. La duración está marcada por los objetivos  que se persigan.

Existen varios tipos de sesión, en función de las personas implicadas:

Sesión individual: es la más frecuente. En ella el paciente expone su problemática al psicólogo. .

Sesión de pareja: suelen acudir los miembros de la pareja o de la familia. En ocasiones puede haber dos psicólogos que colaboran

Sesión de grupo o terapia grupal: el objetivo es ayudar o intervenir sobre un grupo de personas que no se conocen previamente pero que comparten situaciones similares (mismo problema o mismo trabajo). Suelen ser grupos abiertos en los que los pacientes pasan por diferentes fases (acogida, mejora, recaída, superación) y no todos se encuentran en la misma fase. Suele ser el propio grupo, bajo la dirección de un profesional, el que marca el ritmo y los temas.

En el ámbito empresarial y laboral se están haciendo las convivencias de un día o de fin de semana, en las que miembros de un equipo de trabajo acuden a algún lugar ajeno a la empresa para resolver conflictos o aprender nuevas habilidades o estrategias.

 Precio, coste, importe u honorarios: como en todas las ramas profesionales, existe mucha variación en este aspecto y esto fomenta el libre mercado. Sin embargo, el Colegio Oficial de Psicólogos establece un minino en los honorarios que se han de facturar, lo cual evita la competencia desleal.